


La procesionaria del pino, una mariposa nocturna que pone los huevos en las hojas de los pinos, es un elemento fundamental para la salud y el equilibrio de los ecosistemas forestales. En una entrevista reciente en betevé directo, Anna Ramon, bióloga y jefa de comunicación del CREAF, explica que “las orugas forman unos sacos de seda en las copas de los árboles durante el otoño y el invierno, y comienzan a alimentarse masivamente de las agujas de los pinos”. Este comportamiento provoca una pérdida significativa de hojas, debilitando los árboles y haciéndolos más vulnerables a otras plagas o a la sequía, lo que puede llegar a causar la muerte del árbol.
La procesionaria afecta especialmente al pino rojo (Pinus sylvestris) y al pino negro (Pinus nigra), aunque también puede afectar a otras especies. Las orugas, que se refugian en los sacos para sobrevivir al frío del invierno, salen para formar las características procesiones cuando disminuye la temperatura. Luego, se entierran en el suelo para completar su ciclo de metamorfosis.
Anna Ramon destaca que el aumento de las temperaturas debido al cambio climático favorece el aumento de la población de esta especie, ya que los inviernos más cálidos permiten que las orugas sobrevivan mejor. Esto, además, afecta a varios animales, desde insectos hasta aves insectívoras, que tienen un papel fundamental en el ciclo vital del bosque.
Para monitorizar la presencia de esta plaga, el CREAF ha creado la plataforma digital comunitaria AlertaForestal.com, una herramienta que permite a los ciudadanos fotografiar bosques de pinos y enviar información sobre los sacos de orugas observados. Esta información se recopila en un mapa virtual para ayudar a controlar las afectaciones de la procesionaria y otras plagas forestales.
