


Los árboles caídos y en plena descomposición no son precisamente populares en la sociedad. En muchos casos, se les asocia con plagas, se perciben como un indicio de abandono o se piensa que representan un riesgo de incendio. Sin embargo, un estudio liderado por el CREAF y la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha revelado una realidad mucho más compleja y sorprendente, que invita a replantearse las ideas preconcebidas sobre estos elementos naturales.
Durante 10 años, el CREAF ha investigado los bosques de pino silvestre de Cataluña que han sufrido episodios de mortalidad arbórea, y los resultados obtenidos demuestran que la madera muerta generada por la caída de los árboles es considerablemente más variada de lo que se pensaba, y por lo tanto, acoge una mayor biodiversidad. Los rodales que sufren mortalidad arbórea presentan un 83% más de madera muerta, con más árboles caídos o muertos de pie, y un 23% más de tipos de madera en diferentes estadios de descomposición, lo que favorece una mayor diversidad de vida en estos ecosistemas.
La madera muerta genera una variedad de hábitats que sirven de refugio, alimento o lugar de cría para muchas especies de fauna y flora. Ejemplos como los pájaros carpinteros, el yesquero de roble Phenillus robustus o el escarabajo Rosalia alpina en los hayedos son pruebas claras de cómo la madera muerta juega un papel fundamental en la biodiversidad de ciertos ecosistemas.
Los bosques que presentan una mayor cantidad de madera muerta también tienen una estructura más compleja, lo que favorece la creación de microhábitats diversos, fundamentales para la supervivencia de distintas especies. Esta complejidad estructural también hace que el bosque sea más resistente a nuevas alteraciones o cambios en el ecosistema, como pueden ser sequías o incendios forestales. De esta manera, la madera muerta no solo favorece la biodiversidad inmediata, sino que también mejora la resiliencia del bosque a largo plazo.
En este sentido, el estudio realizado en los bosques de pino silvestre afectados por la sequía de 2012 ha demostrado que la madera muerta ha sido una oportunidad para la regeneración de muchos ecosistemas, ya que ha favorecido la aparición de nuevos microhábitats que son ideales para ciertas especies de fauna y flora que dependen de estos ambientes específicos.
En cuanto al clima local, el estudio resalta que las zonas más húmedas de Cataluña, como las pirenaicas, concentran una mayor cantidad de madera muerta, lo que favorece una biodiversidad más elevada en estos lugares. Sin embargo, la humedad acelera la descomposición de la madera, por lo que esta situación es efímera. Si no se generan nuevas fuentes de madera muerta con la misma rapidez, los microhábitats creados pueden desaparecer rápidamente.
Por el contrario, en las zonas más secas o frías, como las mediterráneas, la descomposición de la madera es más lenta, lo que permite que los beneficios de estos hábitats se mantengan durante más tiempo. Esto también favorece la biodiversidad en estas áreas extremas, donde la fauna y la flora que depende de la madera muerta puede seguir existiendo y prosperando durante un período más largo, a pesar de contar con una menor cantidad de madera.
Según los investigadores responsables del estudio, aunque la sequía no sea un fenómeno positivo para los ecosistemas, este acontecimiento ha servido, en algunos casos, como una oportunidad para la regeneración natural de los bosques. “Cuando hablamos de las alteraciones a los ecosistemas, a menudo lo hacemos desde una perspectiva humana. Pensando en cómo nos afectan a nosotros económicamente o emocionalmente. Pero, para los ecosistemas, estas alteraciones pueden formar parte de su dinámica natural, e incluso representar una oportunidad para la creación de nuevos hábitats”, explica Francisco Lloret, autor del artículo e investigador del CREAF y de la UAB.
Esta investigación muestra como los "desastres" naturales pueden ser también una fuente de oportunidades para la biodiversidad, pero también recuerda que el aumento de la frecuencia e intensidad de las alteraciones como la sequía, causado por el cambio climático, puede tener consecuencias negativas si no se gestiona adecuadamente. Josep Maria Espelta, también investigador del CREAF, apunta que en algunos casos puede ser beneficioso mantener la madera muerta y retener árboles debilitados, puesto que esto favorece una mayor heterogeneidad en la estructura de los bosques y, por lo tanto, su biodiversidad.

Infografía sobre la importancia de la madera muerta en los bosques. Diseño: Galdric Mossoll | CREAF