Entrevista amb Martí Boada, geògraf i ambientòleg català

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Estudioso del cambio climático cuando casi nadie hablaba, Martí Boada ha dedicado toda una vida a observar e interpretar la natura. Desde los lugares más alejados del planeta hasta el Montseny y el Montnegre de su niñez, este geógrafo de estatura internacional reflexiona en esta entrevista sobre la actual emergencia climática.

Se acaba de clausurar la COP28 en Dubai. Lo ha seguido?
He seguido presencialmente todas las VEZ excepto las dos últimas y ya sabemos que para poner de acuerdo casi 200 países en un tema tan notorio como es el cambio de modelo energético y de modelo productivo se tiene que ir cediendo tanto, tanto y tanto, que al final queda una cosa inocua. El que pasa es que este año los informes científicos eran muy severos, una diagnosis clínica realmente gravísima.


Cómo valora las conclusiones de la cumbre?
Que se haya acordado que para el 2030 se hayan abandonado prácticamente los combustibles fósiles –el petróleo, el gas, el carbón– supone un poco de esperanza, aunque habrá que ver las políticas que se adoptan para desplegar estos compromisos.

El 2023 registramos un récord global de calor. Estamos a tiempo de revertir el calentamiento acelerado del planeta?
Procuro ser cauto y no querría opinar de una manera catastrofista. Lo veo muy difícil, pero tengo la esperanza remota, compleja, que podremos corregirlo. Es decir, como estudioso del tema lo veo francamente muy difícil, pero desde el punto de vista de motivación ideológica y conceptual, me lo tengo que creer. Es como aquellos perros galgos a quienes se los tiene que poner una liebre delante. Nos lo tenemos que creer, aunque sea con una autoestimulación subjetiva, y, sobre todo, pensando en nuestros jóvenes. Y esto no es un tópico, eh?

Por qué lo dice?
Nuestros adolescentes manifiestan ya un fenómeno nuevo, que es la solastàlgia, es decir, tienen miedo de morir a causa del medio ambiente. Esto es nuevo. No son las desazones clásicas de la juventud, de la injusticia social, de los malentendidos familiares, de los propios conflictos con la vida, sino que están convencidos que se morirán por el medio ambiente. Es un cuadro contemporáneo. Un adolescente que piensa que no tendrá futuro planetario, esto es una barbaridad.


Cómo se tendría que impulsar la necesaria transición energética? Lo estamos haciendo bien?
Lo tenemos complicado porque esta transición es muy compleja, no puedes cambiar de un día por el otro el modelo de movilidad, el modelo energético..., esto es un proceso. Y después hay un fenómeno que también es muy hegeliano. Hegel y otros pensadores dicen que cuando los humanos encontramos una vía de solución, inmediatamente generamos una bastante contraria en la solución. Cuando hablamos de alternativas a los combustibles fósiles, la respuesta de un determinado ecologismo a las energías alternativas es neutralizando. De esto hablaba Ramon Margalef, el gran científico catalán ambiental que perdimos ya hace unos quince años.


Quiere decir que esta reacción no ha pasado siempre?
Surgió el 1987, cuando se detectó el tema de la crisis ambiental. Gro Harlem Brundtland, el entonces primera ministra de Noruega, planteó la idea de un desarrollo sostenible, que no quería decir otra cosa que el que hacían nuestras abuelas, que sabían que si querían tener huevos no tenían que poner nunca la gallina a la cazuela, y nosotros se lo jodemos todo: la gallina, el gallo, e incluso el palo travesero. Y en estos momentos hay 130 definiciones de desarrollo sostenible. Está claro, esto es una torre de Babel. Pero, volviendo a Margalef y a esta línea del pensamiento hegeliano, él decía que los humanos tradicionalmente respondemos ante una crisis de una manera binaria. Y este antagonismo, que se da en todos los ámbitos, también en la política, por ejemplo, no va en ninguna parte, produce un enroque, una alineación en dos frentes que hace muy difícil aplicar la inteligencia y el análisis sereno y objetivo.


Y esto, llevado al terreno del medio ambiente?
Aquí, en la transición energética, hay el sistema capitalista, con derecho de muslo, que se va adecuando a la nueva situación. Las grandes compañías energéticas, las que han financiado ahora la cumbre de Dubai, ya tienen el discurso incorporado sobre las energías alternativas, ya ven esferas de negocio. Pero, a la otra banda, sectores con mucha sensibilidad ambiental también se niegan a poner seriosidad en todo este tema de las energías alternativas. Por lo tanto, la transición energética topa con estas formas de antagonismo tan severo que acaban frenando los procesos de cambio.


Lo vemos aquí, en Cataluña...
Sí, sí, aquí no hay un liderazgo claro por parte de la administración. La administración también tiene la binarietat. Esto el Margalef también lo explicaba: el drama de nuestros ecosistemas y paisajes, decía, es que no siguen los ritmos electorales. Nuestros políticos son, en general, de ciclo corto. Ya hay algún de vivaracho de vez en cuando, pero entonces a la administración hay un personal con más carga ideológica, más inmovilista, que hace de freno.


En el proceso de calentamiento en marcha del planeta, la zona mediterránea es de las más castigadas. Cómo nos afectará?
No sabemos en qué punto se parará esta subida de la temperatura. El 2023 hemos llegado fácilmente a temperaturas de 45 grados, este año no hay nadie que no pueda decir que no llegaremos a 50 o 52 grados. No lo podemos gobernar, esto, ya. Los humanos podemos hacer planes de gestión, planes estratégicos, acuerdos... sobre el que es el territorio, pero no podemos intervenir en el nivel atmosférico y estratosférico. En la gestión de las fuerzas inductoras –nosotros decimos biofísicas–, los humanos nos tenemos que poner en la modestia que nos corresponde. Entonces, en el Mediterráneo tenemos, efectivamente, una sequía galopante. Las precipitaciones han disminuido no mucho, pero la temperatura sí que va subiendo, y esto tiene diferentes consecuencias.


Como por ejemplo qué?
Una de ellas es que en el Mediterráneo, una región con una alta capacidad de combustibilidad de las cubiertas vegetales predominantes, se pueden favorecer los incendios. El Mediterráneo tiene una carga de combustible muy grande que ha aumentado, además, porque la masa forestal ha ido creciente. Cataluña ha pasado de tener un 35% de superficie forestal en 1960 a un 75% y, con cada familia campesina que cierra el cortijo o cada pastor que perdemos, el bosque va avanzando, avanzando, avanzando..., y todo esto es celulosa y lignina en forma de arbusto y de hierbas. Por lo tanto, uno de los problemas más notorios son los incendios. Por otro lado, en el Mediterráneo hemos hecho una cosa singularísima: construir dentro de estos bosques. Están llenos de urbanizaciones. Cataluña es un polvorín.

"Tiene que haber una gestión sostenible de los bosques. Porque estos bosques aumentan. Ahora hay mucho más sotobosque, mucha más biomasa. Los bosques son mucho más densos y los árboles, más grandes y piden mucho más."

Nuestro paisaje mediterráneo está en riesgo de desaparecer?
El aumento de las temperaturas es el que marca el paisaje. De hecho, los cambios ya están. En el Montseny, por ejemplo, que es un paisaje centinela, los árboles se exilian, se van hacia el norte. El Montseny es como una isla mediterránea hasta la cota 900, pero a partir de aquí, el paisaje es centroeuropeo y, arriba, a 1.600 metros, tienes paisaje que encontrarías en Escandinavia o en los Alpes. Con el aumento de las temperaturas, estamos viendo un proceso de mediterraneïtzació. El encinar sube de cota y está desplazando el hayedo, que, a su vez, sube y desplaza los prados subalpinos.


Y tenemos falta de lluvias...
Con el aumento de temperatura, el que decimos segrestació hídrica de los árboles es mucho más grande. Estos árboles las pasan muy magras en verano, hacen la evapotranspiración de manera continuada y van chupando del acuífero, de las cuencas…, gastan mucho más. Y hemos pasado, en muchos lugares, de tener en condiciones históricas 2.000 árboles por hectárea a tener más de 20.000.


Y esto como se explica?
Porque no hay gestión. Nosotros nos habíamos calentado y habíamos cocinado toda la vida con madera antes de llegar a los hidrocarburos. Todos, el mundo rural y las ciudades. Pero, está claro, ahora hay este ideal urbano de intocabilitat del bosque. El que hay de haber es una gestión sostenible de los bosques. Porque estos bosques en Cataluña aumentan, de media, unas cinco toneladas por hectárea y año. Ahora hay mucho más sotobosque, mucha más biomasa. Los bosques son mucho más densos y los árboles, más grandes y piden mucho más.


Hay el peligro que se nos mueran los bosques por falta de agua?
De hecho, este 2023, la muerte por sequía ha sido mucho y muy notoria. Aquí, en el Montseny, por ejemplo, tenemos un centenar de especies. A causa de la sequía, se han muerto sobre todo las coníferas forasteras que se habían plantado: cedros, pino americano... Y después, los de aquí: el pino rojo y el pino carrasco también se están muriendo. Y las encinas: mueren centenares. Entonces, esto queda muerto en el bosque y hace aumentar la carga de combustible y el riesgo de encenderse.


Las desalinizadoras son la solución a las sequías recurrentes que nos esperan?
Desde el punto de vista del ciclo de la natura, son una anomalía. Necesitamos una gran cantidad de energía para desalinizar, muchísima.


El gran consumidor de agua es la agricultura?
Yo no soy de los que dicen que el 80% del agua se va con el riego a chorros, esto es un tópico. Si no tenemos, de campesinos! No tenemos campesinos jóvenes, competitivos. encuentras algún que solo labra paisajes con el tractor. No se cosecha, en el campo; la Unión Europea mujer subvención para que haya verde. Y, en cambio, el país necesita alimentos de proximidad.


Qué tenemos que hacer?
Primero, nos lo tenemos que creer. Hay síntomas de una crisis de modelo, y es difícil, por eso te decía que no soy nada optimista. Nos tenemos que creer que podemos pararlo, pero con algunos cambios de paradigma, incluso personal. La gente que venimos de posiciones críticas, la lucha de clases, los planteamientos colectivistas..., todo esto se ha ido a pique. Ahora la formulación es esta cosa más oriental del cambio personal, en la ética alimentaria, la movilidad, el respeto reverendo al entorno. Y que esta actitud sea contagiosa en el sentido positivo, a partir del testimonio. La actitud personal es una pequeña esperanza.


La suma de los pequeños cambios individuales?
Sí. Esto antes era impensable, era un tema de las derechas clásicas. Pero ahora tiene un sentido revolucionario. Comprometerse con el propio medio y entender que estos bosques y estos paisajes son auténticas aulas donde aprender los ciclos de la vida, de la natura. El bosque es una escuela increíble. Tenemos que empezar por nuestro entorno inmediato. Recuerdas aquella divisa de “pensar globalmente y actuar localmente”? Es esto. Ya va bien estar atento en la Amazonia, pero también a nuestro entorno inmediato y ser críticos con las malvestats que pueda haber, a las políticas urbanísticas..., a todo ello. Esto es evidente, lo tendríamos que tener también como prioridad.
PEFC Catalunya
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