La sequía duplica el número de hectáreas de bosques afectadas por la carencia de agua en el último año

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La sequía ha afectado 66.500 hectáreas de bosques en todo Cataluña en el último año, según apunta un estudio elaborado por el CREAF con el apoyo del cuerpo de Agentes Rurales. Es el doble que las detectadas a lo largo del 2022, cuando fueron 33.000. Las comarcas donde hay más afectación en los árboles son la Selva, Osona, El Bajo y el Alt Empordà y el Gironès. El estudio forma parte del proyecto Deboscat, que sirve para tener una radiografía cuidadosa del estado de salud de los bosques en Cataluña.

La sequía ha afectado gravemente la masa forestal de Cataluña y ha provocado un estrés hídrico que ha acabado pasando factura a muchos árboles, que han quedado sin hojas o que se han muerto por la carencia de agua. Esta falta de agua ha afectado a especies como por ejemplo pinos o encinas.

En el caso de las planifolies -hayas, robles o encinas-, son árboles que han perdido la hoja. La investigadora del CREAF, Mireia Banqué, explica que se trata de un "proceso habitual" de estos árboles que ya están acostumbrados al clima mediterráneo y a las sequías puntuales. Para garantizar la supervivencia, los árboles dejan morir las hojas. A pesar de todo, los tres años de sequía ha debilitado las especies y a pesar de que podrían rebrotar, también serán más vulnerables a plagas.

La sequía ha afectado 66.500 hectáreas de bosques en todo Cataluña en el último año, según apunta un estudio elaborado por el CREAF con el apoyo del cuerpo de Agentes Rurales. Es el doble que las detectadas a lo largo del 2022, cuando fueron 33.000. Las comarcas donde hay más afectación en los árboles son la Selva, Osona, El Bajo y el Alt Empordà y el Gironès. El estudio forma parte del proyecto Deboscat, que sirve para tener una radiografía cuidadosa del estado de salud de los bosques en Cataluña.

 La sequía ha afectado gravemente la masa forestal de Cataluña y ha provocado un estrés hídrico que ha acabado pasando factura a muchos árboles, que han quedado sin hojas o que se han muerto por la carencia de agua. Esta falta de agua ha afectado a especies como por ejemplo pinos o encinas.

"Sanitjas asegura que estos árboles se han convertido "en combustible" para incendios y hace hincapié en la importancia de sacarlos antes de que no empiece el verano"

La falta de agua afecta sobre todo a especies como por ejemplo pinos o encinas

En el caso de las planifolies -hayas, robles o encinas-, son árboles que han perdido la hoja. La investigadora del CREAF, Mireia Banqué, explica que se trata de un "proceso habitual" de estos árboles que ya están acostumbrados al clima mediterráneo y a las sequías puntuales. Para garantizar la supervivencia, los árboles dejan morir las hojas. A pesar de todo, los tres años de sequía ha debilitado las especies y a pesar de que podrían rebrotar, también serán más vulnerables a plagas.

Combustible para incendios

En el caso de los pinos, la situación es diferente porque aquellos que han sufrido la sequía se han muerto. Se trata de pinos rojos, una especie más frecuente a un clima del centro de Europa y no tan acostumbrado a sequías tan largas como la de los últimos años. Ahora, Sanitjas asegura que estos árboles se han convertido "en combustible" para incendios y hace hincapié en la importancia de sacarlos antes de que no empiece el verano.

El estudio elaborado por el CREAF cuenta con datos que recogen los Agentes Rurales a lo largo de todo el año, pero con una muestra más exhaustiva durante septiembre. A lo largo del año, el cuerpo va detectando zonas con claros de árboles muertos o afectados por la sequía. A partir de aquí hace un muestreo más exhaustivo en septiembre en todo todo el país. Y a partir de estos datos se calcula el estado de salud de la masa forestal catalana.

Ayudas de 5,2 millones

Para retirar esta masa boscosa muerta, el Departamento de Acción Climática ha abierto una línea de ayudas de 5,2 millones. Está enfocada a los propietarios privados de bosques que tengan una afectación de un mínimo del 15% por la sequía. Cuanto más afectación tengan, más prioridad se dará en las ayudas. Además, hará falta que haya una superficie mínima de 3 hectáreas para que tengan un "impacto" en la prevención de incendios. Los propietarios recibirán un máximo de 2.500 euros por hectárea limpiada.